Entrevista: Nicolás Manzi

Foto: Damián Quaglia

Nicolás Manzi nació en Venado Tuerto en 1978. Es egresado de la Carrera de Letras de la UNR y ha llevado adelante diversos emprendimientos editoriales. Actualmente está a cargo de la editorial Casagrande.

Comentanos algo de tu trayectoria como editor

Mis editoriales no buscaron necesariamente un perfil sino que se fueron perfilando a lo largo del tiempo, sobre todo a partir de la manifestación inesperada de los rasgos de mi personalidad, es decir, para bien y para mal. Siempre fue un desafío para mí tratar de controlar algunos aspectos no muy positivos y explotar los buenos aspectos del espíritu que me domina, y suelo fracasar en el intento. Por ejemplo, entiendo que como editor me postulo como un mediador, o como un recomendador de lecturas, creo que estar diciendo, con cada publicación, con cada apuesta, «esto es lo que hay que leer, esto está muy bien y la gente lo debe saber». Después debo transigir, porque al editor lo condicionan aspectos externos, como el hecho de no contar inmediatamente con el metal para completar el proceso de edición de un libro. Eso no es menor, los libros se hacen con papel y con metal. Los editores financian la cadena de producción pero a su vez prestan a la cadena de comercialización, es decir, son los primeros en pagar y los últimos (o penúltimos) en cobrar. Los autores, cuando son experimentados, suelen cobrar adelantos, pero cuando inician sus recorridos no suele ser así, e incluso suelen ser los que pagan. ¿Cobran últimos? puede ser, pero un cobro más importante tuvieron por adelantado, sus libros están circulando y pueden ser leídos. Los editores ponen esos libros en circulación, y como decía, tienen que pagarle a la imprenta (que sin el cobro no imprime). Por ende, la faz económica del proceso es crucial, y en la confusión hasta puede ser sobrevalorada (todo lo que sabemos del mercado del libro suele traducido en números de ventas, best sellers, cosas que sabemos que no garantizan que del libro que se habla sea un buen producto. hay editores que solamente valoran el negocio económico del asunto). Decía, siendo ese aspecto muy importante, me propongo a mi mismo ser un editor de libros buenos. A veces, por necesidad y urgencia, siento que bajo mis exigencias respecto a los textos propuestos.

¿Cuál es mi perfil? Edito libros de autores contemporáneos, escritores que escriben, que están trabajando en una obra, y que, por casualidad o por conveniencia, suelen ser personas que habitan cerca, en Rosario, en la zona, o con las que puedo tener una comunicación más fluida. Una buena comunicación, casi una relación de confianza, de amistad, es necesaria entre un editor y un autor.

En buenos términos, algo que puede ser reemplazado por un contrato (que suele ser un acuerdo escrito de conveniencia de ambas partes). No desprecio los contratos, mi manera de contratar es hablar con franqueza, tratar de mostrarle al otro con claridad cuál es trabajo que puedo hacer, que me sé que me va a salir bien, y también poder tener la confianza para expresar qué es lo que uno espera del otro. A veces resulta bien. 

¿Cómo ves el mercado editorial local?
El mercado editorial local es, según veo, una entidad en crecimiento. Estamos valorando cada vez más y mejor el trabajo que estamos haciendo entre editores, escritores y el creciente número de lectores e interesados. Creo que estamos asistiendo a un momento histórico: hemos creado un campo, un escenario, y esto ya es ineludible. No dependemos más de agentes externos, no nos marcan más desde afuera, nos hemos ganado un lugar para la literatura argentina a fuerza de insistencia. Hace unos años veíamos cómo hablar de literatura argentina era hablar de una sola ciudad, y de cualquier ciudad como si fuera esa ciudad. Creo que terminó esa relación de dependencia y cada vez más asistiremos a la situación en la que nos van a prestar atención porque nos lo hemos ganado. Los escritores de provincia suelen mudarse a buenos aires para tener una carrera dentro del campo de la literatura argentina o deben resignarse a ser llamados literatura regional, los escritores de Rosario ya no necesitan mudarse, no es poca cosa. En ese sentido, soy muy insistente en que los medios de comunicación locales deben estar a la altura de esta situación (que estamos viviendo no solo en la literatura sino en muchas manifestaciones artísticas). Es un desafío que deben asumir no desde los medios de comunicación, es un compromiso que debe ser asumido por toda la ciudadanía, sobre todo desde los ámbitos dirigenciales. Los socios capitalistas de los medios suelen ser empresarios que abarcan muchos rubros y espectros, ellos son los que toman las decisiones más importantes de qué se comunica y qué no. Ellos son los que deben comprometerse con el desarrollo de la cultura a nivel local, para que un artista, un escritor, un música, pueda desarrollarse profesionalmente sin necesidad de recurrir a otras labores para completar su economía personal. 

La tonta pregunta previsible. ¿El rol del libro digital reemplaza a la editorial? o en realidad lo que un editor hace es algo mas que imprimir?

Por otro lado, no creo que el auge del libro digital reemplace la experiencia de lectura del libro impreso. Por lo tanto no veo una competencia de roles o sustitución de tareas uno respecto del otro. Sí es cierto que lograr un archivo digital para poner a circular es algo mucho más sencillo que armar una maqueta de un libro (algo que por otro lado, es hoy por hoy muy sencillo de aprender). Cualquier autor puede armar un PDF y hacerlo circular, o ponerlo a la venta en Amazon. Pero muy pronto veremos a ese autor pidiéndole a un editor que saque su libro en papel. Los PDF son buenos para poner a circular lecturas veloces, necesarias, bibliografía importante para la ciencia y la humanidad. Pero los libros de literatura no suelen ser leídos digitalmente. Yo leo digitalmente los libros que estoy editando, y ese es mi trabajo que hago con mucho esfuerzo pero con las ganas necesarias como para hacerlo libro.